Intolerancia a la lactosa y genes ancestrales

 In Medicina integrativa, Nutrición, Salud

Tengo intolerancia a la lactosa, dices.  Te sientes un poco raro mientras miras el anuncio de leche en televisión, donde una mujer, un hombre o un niño saludable te sonríen bebiendo un gran vaso desde la pantalla. “Será que soy un Alien… “

En realidad es todo lo contrario, ya que seguramente eres portador de genes ancestrales originales. Los que nos acompañan desde la Edad de Piedra. Los auténticos primigenios. Porque la madre naturaleza nos hizo así.

Es pura lógica: la lactosa es el azúcar principal de la leche. Y la lactasa es la enzima encargada de “partir” la lactosa en componentes más pequeños para que sean asimilados en el intestino. Es obvio: un bebé y un niño pequeño necesitan la leche de su madre para sobrevivir, y por eso necesitan una enzima capaz de digerirla. Pero como ningún mamífero sigue lactando luego del destete, la evolución ha programado “apagar” ese gen que ya no es necesario -no se consume lactosa – alrededor de los 5 a 7 años de vida. Al menos así funcionó en nuestros antepasados Cromagnon.

Intolerancia a la lactosa en la edad de piedra

Durante la Edad de Hielo, la leche era una toxina para cualquier adulto que hubiera podido tomarla. Pero a medida que la sedentarización, la agricultura y la cría de ganado fueron reemplazando a la actividad de los antiguos cazadores-recolectores, nuestros ancestros comprendieron que la leche era una nueva fuente nutricional que podía alimentar a la comunidad cuando otras fuentes fallaban. Aprendieron entonces a reducir la lactosa convirtiendo la leche en productos lácteos con niveles tolerables de lactosa como queso o yogur.

La madre naturaleza sabe adaptarse cuando algo resulta evolutivamente favorable. Y esta adaptación se llama mutación. Parece una palabra muy fea ya que todos tenemos una imagen poco agradable de los “mutantes” de las pelis de ciencia ficción post apocalípticas. Pero las mutaciones pueden ser “buenas” o “malas”. Y en este caso esa mutación permitió la posibilidad de producir lactasa – y beber leche- a lo largo de toda la vida. Una ventaja nutricional muy importante para quienes tenían el nuevo gen.

Una vez que irrumpió- hace unos 7500 años – el nuevo gen se diseminó con fuerza por otras zonas geográficas. Hablando en términos de la naturaleza: si es útil, expándelo.

Sin embargo, como unos pocos miles de años es un tiempo escaso en la evolución, la nueva mutación no ha conseguido llegar a toda la población. Hoy en día y hablando de promedio en población humana en general, sólo el 35% son capaces de digerir la lactosa después de los 7 años. Desde luego, este porcentaje cambia según las poblaciones. Los que mejor digieren la leche son los europeos del Norte y en algunas partes de Africa y de la India. En cambio, la intolerancia a la lactosa es más elevada en la cuenca mediterránea, en Asia, ciertas zonas de Africa y Sur y Norte América.

¿Cómo se produjo la mutación al gen de persistencia de la lactasa?

El ADN es un lenguaje de letras. Toda la información se basa en cuatro letras: A, T, G y C, que corresponden a bases nitrogenadas:

  • A adenina
  • G guanina
  • T timina
  • C citosina

Estas letras se enlazan en infinitas combinaciones que determinan el material genético. Cualquier cambio en esta lectura de precisión trae alteraciones, para bien o para mal. Sabemos cuál fue el cambio que permitió la persistencia de la lactasa: un cambio de una C por una T. Una citosina cambiada por una timina en una región genómica no lejos del gen de la lactasa. ¡Ya está! Cambias una letra y el gen de la lactasa, que debía apagarse, queda encendido para siempre. ¡Qué cosas tiene la naturaleza!

Trayendo el tema a un ejemplo de nuestro mundo diario, imaginemos un periódico que por un error tipográfico – sin querer o queriendo- cambia la letra H por una J. Y que al día siguiente, mucha gente se siente mucho más feliz leyendo: “Estoy Jarta” que “Estoy Harta”. Porque les resulta más fácil de pronunciar o por lo que sea. Y entonces más gente comienza a comprar ese periódico. Y luego importan la idea a otras ciudades y a otros países… Ya está, ¡la nueva letra es un éxito ¡

Los “cambios de letra” varían entre poblaciones. El cambio de la C por la T es uno de los más frecuentes pero también existe el cambio de una G por una A.

 

Los números del bombo de la lotería genética

Somos hijos de papá y de mamá. Los genes codifican las distintas funciones del cuerpo y siempre estarán de a pares: uno de nuestra madre y otro de nuestro padre. Por ejemplo: color de ojos. Un gen de lado materno y otro del lado paterno. Y las complejas leyes genéticas dictarán cuál predominará.

En el caso de la intolerancia a la lactosa es fácil de explicar.

Tomemos como ejemplos bolas de colores (cualquier parecido con  la peli Matrix es pura coincidencia…):

  • bola roja: gen ancestral de “apagado” de la lactosa a los 5 a 7 años
  • bola negra: gen nuevo mutado, de “persistencia” de la lactosa durante la vida

Agitamos el bombo y recordemos que una bola irá por mamá y otra por papá. Los resultados pueden ser:

  • dos bolas rojas: intolerante a la lactosa, ya que tanto por vía materna como por paterna tiene el gen de “apagado”
  • una bola roja y una bola negra: es un cruce, una mezcla. Normalmente estos individuos toleran en mayor o menor grado la lactosa, aunque nunca suelen hacer reacciones tan fuertes como los intolerantes verdaderos
  • dos bolas negras: persistencia de la lactasa, pueden digerir bien la leche ya que tanto la herencia materna como la paterna lo hacen posible

 

¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa?

La prueba habitual en la práctica clínica es el test de hidrógeno espirado. Y la mayoría de las veces se obtienen resultados que sostienen o descartan la intolerancia a la lactosa. Pero muchas veces los resultados son dudosos o limítrofes, sin ser concluyentes.  En estos casos podemos realizar un test para comprobar los genes de la intolerancia a la lactosa o persistencia de la lactasa. O también utilizar productos sin lactosa y observar la respuesta de nuestro organismo.

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  • […] de intolerancias alimentarias, en sentido estricto, nos estamos refiriendo por ejemplo, a la lactosa, cuya causa y origen es muy diferente a lo que estamos hablando. Más bien lo que se debatía es si […]

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