Virus y seres humanos

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Los virus son agentes infecciosos microscópicos tan pequeños que ni siquiera son una célula. Justamente, como no tienen un “cuerpo” propio han de tomarlo “prestado” y meterse dentro de células o bacterias para vivir. Para utilizar un ejemplo sencillo: si una célula es como un huevo frito, el virus es una pequeña porción incrustada dentro de la yema. Una bacteria sería otro huevo frito, dentro de la misma comparación. Desde luego que hay bacterias y virus de distintos tamaños pero valga la comparación para entender como actúan. En el núcleo de la célula están los “mandos” del ordenador: el ADN (ácido desoxirribonucleico) contiene las instrucciones genéticas para el desarrollo y funcionamiento de esa célula. Los virus lo que hacen es “tomar el mando “ de la célula infectada y comienzan a transmitir su propio material genético para fabricar las proteínas y estructuras que les interesan.

La semana pasada viajé a Mallorca para un encuentro de médicos en torno a la Microinmunoterapia. Allí impartí una ponencia sobre Actualización de conocimientos sobre Virología y Dermatología. Y he querido compartir con vosotros la esencia de la ponencia, ya que muchas cosas pueden resultar sorprendentes o inusuales, al menos a personas no especializadas en el tema.

Virus en el cuerpo humano

Normalmente uno tiende a pensar en ellos como agentes invasores. Y es verdad, algunos lo son. Pero también los hay de los  “buenos”. Así como compartimos nuestro mundo y nuestro cuerpo con bacterias y tenemos una flora vaginal, intestinal, cutánea, etc, también tenemos una colección de virus: es el llamado viroma humano.

Hay tres grandes grupos de estos gérmenes acelulares rondando por nuestro cuerpo:

  • Los que infectan células humanas: pueden producir desde infecciones agudas autolimitadas hasta infecciones más importantes
  • Los que infectan a bacterias: si! También nuestras bacterias tienen sus virus propios. Que las infectan y pueden llegar a matarlas, sin afectar a las células humanas:   se llaman bacteriófagos y no siempre actúan negativamente. De hecho, sirven para controlar excesos de poblaciones bacterianas. Por ejemplo, cuando prolifera demasiado alguna bacteria intestinal se activan los bacteriófagos dormidos dentro de esas bacterias para destruirlas. Es una forma de controlar el crecimiento desproporcionado de unas variedades frente a otras. En este sentido, pueden ser de gran ayuda.
  • Virus endógenos:  forman parte de nuestro propio ADN! Y no ya infectando: son parte nuestra. Llevamos en nuestro material genéticos 100.000 fragmentos virales (representan el 8% de nuestro propio genoma). De hecho, algunos de estos virus “buenos” son muy importantes y están asociados a funciones importantes como la formación de la placenta.

Estos seres diminutos  tienen preferencias por órganos y tejidos. Algunos ejemplos son:

  • la piel: los herpes  y  los papiloma
  • gastrointestinal: adenovirus, astrovirus, picornavirus
  • mucosa oral: herpes virus y virus del papiloma
  • respiratorios: adenovirus, herpes virus, virus del papiloma, iridovirus
  • genitourinario: adenovirus, herpes virus, virus del papiloma

Algunas infecciones son autolimitadas: luego de producido el proceso (que puede variar en intensidad, desde luego) el virus no permanece en el cuerpo. Es el caso de la gripe: puede tener síntomas importantes, desde luego, pero una vez finalizado el proceso, ya está. Otros, en cambio, como el Epstein barr comentado recientemente, el herpes virus y el varicela-zoter  quedan latentes en el cuerpo y pueden sufrir episodios de reactivación.

Defensa frente a las infecciones virales

Toda esta exposición sirve para explicar que no es que aparezcan de golpe y nos ataquen una vez, casi por casualidad. Vivimos en contacto con ellos permanentemente. No es algo como “iba andando alegremente por el prado cuando me atacó un virus”. Estamos expuestos a ellos toda nuestra vida…

De manera que la mejor defensa es un sistema inmunológico sano. Si nuestras defensas están “al día” podemos solucionar muchos problemas y no sucumbir a ellos. Y por eso es tan importante una nutrición adecuada y sana, que nos aporte vitaminas, minerales y proteínas importantes y hacer lo posible por no llenarse de tóxicos innecesarios.

Pero también es importante conservar y mantener nuestras barreras.

Todos los órganos que están en contacto con el exterior (intestino, aparato respiratorio, aparato urinario y genital, piel) tienen una función barrera que nos protege de los agentes externos. Así que tan importante es la inmunidad como el mantenimiento óptimo de las barreras.

De ahí la importancia de los probióticos para ayudar a una buena flora intestinal, el evitar tóxicos respiratorios como el tabaco y mantener la piel correctamente hidratada.

Recordemos que estos virus están allí, siempre. Si los dejamos entrar harán de las suyas cuando puedan. La piel reseca y resquebrajada no es una buena barrera, por eso los niños atópicos suelen desarrollar con frecuencia molluscum. Y por el mismo motivo no es la mejor idea ir a la piscina inmediatamente después de depilarse (o mantener un contacto sexual recién depilados)… que es justamente lo que tendemos a hacer. Mucho mejor haberlo hecho 24 horas antes, porque sino, la depilación puede ofrecer unos micro traumatismos en la piel por lo que puede colarse algún indeseable…

Y a nivel de la flora vaginal, los Lactobacillus (bacterias amigas de la flora vaginal) ofrecen un “cuerpo a cuerpo” frente al  papiloma porque actúan como una barrera contra los que quieren colarse donde no deben.

Es importante aceptar y conocer que vivimos rodeados de virus, algunos buenos y otros no tanto. Y que debemos apostar por unas buenas defensas, inmunológicas y en nuestras barreras, que en definitiva son las que nos van a ayudar a gestionar estas cuestiones.

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